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Las Hipnopómpicas

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Making-On

Diario de la novela en marcha

Dudas no categóricas

Antesdeayer terminé -sin contar correcciones, claro- un capítulo (o pop-pin: unidad de contenido, digamos), titulado «El sonido de la carcoma (The beatle death clock)». Me ha costado un poco, aunque los capítulos de Pop-pins están saliendo muy cortitos. En esta ocasión, en esta novela, lo que más me cuesta es, sin embargo, poner diques a la narración, contener los hilos de pensamiento que salen disparados hacia diversas direcciones; me cuesta porque tengo la sensación de que todo está totalmente interrelacionado y que la presencia escrita de cualquiera de estas aventureras incursiones estaría justificada sobradamente. Pero la escritura también es elección, como todo en la vida. Debe ser elección. Espero que acertada.

La verdad es que escribo con cuentagotas. La actividad mental que trasluce el párrafo anterior ocurre ahora ocasionalmente. Estoy muy cansada a estas alturas de «curso». Por muchas circunstancias personales y profesionales.  Además me temo que algunas de estas circunstancias no van a cambiar a corto plazo. No sé si podré resolver Pop-pins. No lo sé.

Mientras escribo, sigo buscando cosas que apoyen mi escritura. He encontrado una entrevista a Faulkner, que creo que ya había leído, y que no utilizaré. Una en la que afirma que el verdadero escritor -o buen escritor-, (no sé cómo lo expresa exactamente, no la tengo ahora en la pantalla y ya no me apetece buscarla) es el que vive absolutamente centrado en su escritura, capaz de vivir de nada, etc.  Supongo que hace años (bastantes) me hubiera parecido una opinión admirable. Ahora no. Es demasiado simple (con perdón). Aunque ya entiendo que la época desde la que Faulkner habla defendía esas posiciones, digamos, un tanto mesiánicas respecto a la labor y el caracter del escritor. De todas formas me ha hecho daño. Me ha hecho dudar aún más de mi misma. Y no porque me autoetiquete como escritora (nadie aparece ya en este mundo como de un único perfil, y además soy una amateur). En fin, paradojas.

 

 

 

Agujeros en el tiempo

(Aclaración previa: le debo un post-explicación a José Luis Gracia Mosteo: y no me olvido; será el siguiente) 

 

Posiblemente abordo la escritura más como un trabajo plástico que como una construcción meramente mental o como un hecho comunicativo. Me gusta ensuciarme durante el trabajo, como los escultores, los pintores, los aficionados al bricolaje. Me gusta fijarme en muchas cosas. Necesito ir encontrando piezas que sirvan para la elaboración de una narración. Descubrir casualidades que sin duda no deben serlo realmente. Lo que uno necesita va apareciendo delante de sus ojos precisamente en la medida en que se requiere. Esas casualidades posiblemente descubren objetos, circunstancias, pensamientos, gente, que orbitaban entorno nuestro de forma invisible, porque no necesitábamos verlos. Aparecen de repente, como teletransportados desde otra dimensión, ante nosotros y ante nuestra llamada, ante nuestra interrogación. Son respuestas. Y en mi caso elementos que incorporar o no; materiales que transformados pasan a integrarse en el proceso del trabajo de escribir, que me ayudan muchísimo a explicarme, circunstancias que -como de forma mágica- condensan y representan por si mismos lo que en mi cabeza parecen ser largas cadenas informes de palabras.

        Pop-pins, en cuanto proceso recreativo (y a pesar de todas las vicisitudes por la que ha ido pasando, desde cambios de objetivos y planteamientos, hasta las dificultades vitales últimas con que me he tropezado para acometer la escritura en sí), me está proporcionando un territorio muy cómodo de trabajo.  La novela es la que ha elegido el momento de cobrar forma escrita, después de mucho tiempo de hibernación y transformaciones a priori. Así que tengo que pensar que en vez de calificar las dificultades citadas como elementos en contra del proceso de escritura, lo lógico es contar con ellas como parte de dicho proceso, como procedimiento. Tal actitud surge de forma natural: es lo que ha sucedido, como ya he contado, con las últimas experiencias vividas en el hospital como cuidadora durante casi un mes de un familiar muy querido. De ellas parte la idea de intentar armar una estructura casi-narrativa muy flexible: a base de patas sinápticas entre los diferentes pop-pins (o capítulos, para entendernos), siempre teniendo en cuenta que las sinapsis son altamente plásticas y cambiables.

        En fin, retomando la cuestión de las casualidades aparentes, estas circunstancias personales que me han obligado a ralentizar el ritmo de escritura de la novela, apenas comenzada en firme, serían una de tales, en este caso altamente determinantes.

        Otra casualidad que me apetece referir ahora es el conocimiento por mi parte, hace unas semanas, de la realización (entre octubre de 2009 y enero de 2010) de una intervención fotográfica urbana en Barcelona a cargo de Ricard Martínez, llamada “Forats de bala”, (Arquelogía del punt de vista) y que consistió en colocar dos fotografías de Agustí Centelles [*]–reproducidas a tamaño “real”, digamos, o sea a tamaño de lo fotografiado- en el mismo lugar urbano en el que fueron obtenidas entre el 19 y el 20 de julio de 1936. Se trataba de reintroducir una escena del pasado en el paisaje actual, haciendo coincidir las coordenadas de perspectiva entre ambos. El resultado es cuando menos inquietante: una singularidad, diríamos, histórico-espacio-temporal (o  algo así).

Leí el artículo sobre «Forats de bala» en el suplemento Cultura/s justamente en los mismos días en que andaba trasteando con Google Street, en busca de imágenes actuales de algunos escenarios de mi infancia, con los que quería jugar en una parte de la novela. Al asomarme a ellos en Google Street me emocioné mucho al ver algunas calles, casas, etc, que hacía mucho que no veía. Pero también sufrí una clara decepción, pues lo que veo ahora no es realmente lo que me interesa de esos escenarios, que ya no me son vitalmente propios. Eso es lógico. Y al descubrir lo que había sido la instalación de Ricard Martínez, entendí lo que buscaba: practicar agujeros en los escenarios actuales y en ellos colocar mis imágenes del pasado. Mezclar los tiempos. Así que esta casualidad me proporcionó otra clave para abordar la escritura de algunos capítulos de Pop-pins, puesto que la instalación urbano-fotográfica no sólo se me ha adelantado (y proporcionado pistas valiosísimas) en cuanto al método, sino también en cuanto a uno de los temas que aparecerán en la novela: aquel pasado de revolución y frustación de los años treinta del siglo pasado, y que algunas generaciones de españoles heredamos como un común denominador bastante determinante de nuestra genética social  (de una u otra manera). Para preparar esa parte de la novela (que no habla de la guerra civil, sino de nosotros) he leído unos cuantos libros; particularmente referidos al movimiento anarcosindicalista en Aragón, pues en la época que me interesa tuvo un peso y protagonismo decisivo. Por eso he leído bastantes referencias acerca de Joaquín Ascaso (presidente del Consejo de Defensa de Aragón entre 1936 y 1937) y de Francisco Ascaso (de perfil en la foto, a la izquierda), primo suyo y destacado activista anarquista. Ambos aparecen en esta foto de Agustí Centelles junto a un soldado, poco antes de que Francisco Ascaso muriera de un tiro en la frente durante el asalto al cuartel de las Atarazanas.

 

       

 

 

 

 

 

 

 

 

La fotografía proviene del blog Antrópograf: Isidre Santacreu. En ella posan junto a la fotografía de Centelles los heredederos de éste y Ricard Martínez. Creo que en esta fotografía de la fotografía la instántanea tomada por Centelles en 1936 no aparece bien introducida en el espacio actual; la idea es que coincidan líneas de edificios, árboles… En Cultura/s aparecía así, y entonces se produce realmente la singularidad histórica-espacio-temporal.

 

* La obra de Agustí Centelles está de actualidad por razones no artísticas, no históricas, por razones crematísticas y políticas: http://www.google.es/search?hl=es&rlz=1W1GZEZ_es&tbs=nws%3A1&q=Agust%C3%AD+centelles+archivo&aq=f&aqi=&aql=&oq=&gs_rfai=

 

 

Píldoras radiofónicas Pop-pins. Capítulo 1

 

Emitiremos y colgaremos el mini-capítulo 2 el día 10 de agosto.

La unidad de contenido pop-pin *

En el post de apertura ya intenté explicar mediante la yuxtaposición de definiciones alusivas la naturaleza de Pop-pins. Nada complicada por otra parte, ni debida a generación espontánea. Más bien reaprovechamiento y reiteración de formas, técnicas y fórmulas conocidas intentado, en todo caso y como mucho, un juego de primeriza prestidigitación medianamente entretenido. Estaríamos hablando, pues, de materiales y técnicas prestidigitadas **.

Entenderemos que Pop-pins va a estar constituida por unidades de contenido, a cada una de las cuales llamaremos tal cual: pop-pin. Un pop-pin adoptará forma de post, o de narración, o de teatro radiado según el medio. El medio determina inevitablemente que la unidad de contenido pop-pin se nutra de unos u otros elementos literarios y de pensamiento y que los mismos se trasladen al receptor (sea lector, oyente o explorador) con la apariencia de un género determinado (blog, novela, radio), aunque entre todos ellos se verifique una alimentación e interacción tanto en el momento de la creación como en el posterior de la recepción (o sea, que está claro que la novela Pop-pins se va a servir mucho de la experiencia de Pop-pins blog y del montaje de Pop-pins radio).

Un pop-pin podría ser en si mismo definido como una unidad de contenido (o pin), preferentemente literario, que se nutre de referencias de la cultura global (pop), y que pudiendo existir por si mismo, alcanza todo su sentido cuando interactúa con otros pop-pins a través de un protocolo de conexión no física, no rígida, no unidireccional (pop), aunque se necesite el establecimiento en cada una de dichas unidades de una clave de reconocimiento (pin o pin up) para producir la canalización de información (pop) desde la zona remota de almacenamiento. De esta forma habrá un tema básico o preferente (protos) que actuará como pegamento (kollea, en griego) y que será el que ordene el protocolo general; lo cual no quiere decir que cada receptor no pueda acceder al contenido desprendiéndolo de esa envoltura y eligiendo otra ***.

 

 

 

 

 

 

 * Este post es un claro ejemplo de cómo términos aparentemente sin sentido generan campos de significado que pueden ir amplificándose. Es es un juego (las horas de hospital dan para mucho). También una forma de presentar las cosas que voy pensando acerca de la estructura de la novela.

 

** Ya sé que no está en el diccionario. Pero no parece ser cierto que lo que no está en el diccionario no exista. Simplemente no está en el diccionario.

*** PRÔTOKOLLON: primero se refirió a la envoltura pegada que contenía un rollo escrito; más tarde el término designó al contenido. La palabra consta del prefijo protos (primero) y de kolla (kollea: pegamento, cola)

 

 

He conocido a mis personajes

Se lo he dicho a ellos en cuanto los he visto esta tarde: alrededor primero de una mesa de mezclas y después de los micrófonos del Taller Creativo de Radio de TEA FM; les he dicho que ésto es raro, porque Pop-pins no ha hecho sino extender sus primeras líneas sobre el rollo continuo de word y, sin embargo, sus personajes empiezan a desprenderse de la autora a mayor velocidad de lo acostumbrado. Los he visto ya en carne y hueso.  Ya se han encarnado Helia, Pop-pins, Albertina, Alberto León Ponce… hasta un camarero se ha manifestado ya. Les he oído, les he visto relacionarse entre ellos. Esto les suele suceder a los autores de teatro, a los guionistas y/o directores de cine; no habitualmente a los escritores mondos y lirondos.

Me ha impresionado.

Hemos (han) grabado tres de los capítulos que forman la parte radiofónica de Pop-pins. Mientras a través de este blog trato de hacer visibles las cosas que conforman el tiempo y el espacio de escritura, Pop-pins radio intenta explicar a Pop-pins novela, en forma de Pop-pins teatro: búuuaaaa…

Pero ellos- los personajes- lo han hecho francamente bien en la radio. Gracias, de verdad (Elenco-:) Espero que se comporten igual de bien conmigo cuando los incruste en el word.

 

 

Si no hay torceduras, las píldoras radiofónicas Pop-pins comenzarán a emitirse a mediados de julio (ya explicaremos de qué manera)

Por cierto, voy convenciéndome de que las casualidades existen de una forma no casual. Una casualidad no es lo mismo que el azar. El azar es algo ajeno a nosotros que irrumpe de forma imprevista en nuestra vida. La casualidad hace aparecer de pronto ligados o casi asuntos que de alguna manera no son ajenos, aunque antes no aparecían ni como incuestionablemente nuestros ni evidentemente ligados. Pues casualmente entre ayer y hoy, cuando he reflexixonado en este post sobre el asunto personajes y mi relación con ellos, he leído la novela (o metanovela) «El anorak de Picasso», de José Antonio Garriga Vela (Candaya): que (para mi) es sobre todo igualmente una reflexión sobre las propias ficciones, sobre las casualidades que ligan vida y ficción, sobre la relación con los personajes. Comparto la actitud en buena medida.

¿Casualidad?

 

Feliz Solsticio, feliz Noche de Sanjuan: sin límites.

 

 

 

Vida vitafaga

Alguien que se llama -o así dice- Orapma (un nombre que a mi me sugiere budú) ha escrito en su blog: «la vida se me come». Lo que me ha extrañado es no haber encontrado más referencias para la frase/

 

(bueno, sólo he buscado con Google, entre comillas, eso sí)

 

Y me ha extrañado porque seguro que es una sensación compartida por millones. De tan compartida, parece normal. Claro. Pues no lo es. Lo que quiero decir está más o menos expresado en la entrada que hace un rato he añadido a mi blog personal (Luisamiñana).

 

Y lo que aquí nos concierne es que esta semana ha sido de parón total para Pop-pins, o casi. ¿Nada más empezar?, preguntará alguien, seguro. Y añadirá(pensará): pues vaya proyecto de habas. Bueno, así es la vida de los pluriempleados, pluriresponsabilizados, pluriatareados: una vida vitafaga.

 

No puedo escribir por encima de mi misma (que no soy únicamente yo). Pero para estas cosas existe este blog. Para contar estas y otras vicisitudes.

Además, a pesar de la vida vitafaga, pensar se puede. Y si una va pensando, genera actitud, genera cuerpo de escribir. Lo cual es sumamente decisivo (al menos para mi). Generando cuerpo, pues.

 

Una buena noticia sí que tengo: el martes grabaremos los tres primeros minicapitulos encapsulados del proyecto pop-pins radiofónico. Serán muy cortitos. Pensé que era mejor así. Textos dramáticos cortos, de diálogos algo pajoreros. Pero ahora creo que quizás sean demasiado cortos. No sé. Es dificil acertar en esta época con la dosificación adecuada para que la gente escuche sin presión y con ganas… Tengo muchas ganas de ir al Centro de Tecnologías Avanzadas el martes, donde el Taller Creativo de TEA FM va a grabar esos diálogos en los que se va explicando un poco de qué va ésto de Pop-pins. Os puedo contar que como dramatis personae aparecen algunos nombres que estarán en el texto novelado: Helia, Mary Pop-pins (claro), Albertina, un editor (que no sé si estará en la novela, creo que no), en fin… Escribir esos miniguiones para la radio me ayudó mucho para lo de coger cuerpo… Y pensar esta semana de dique seco en cuanto a escritura, también.

 

He pensado, por ejemplo, que en realidad lo único que seguramente quiero es plantearme una vez más la cuestión de cuántas maneras de ver una misma cosa hay, cuántas realidades, cuántos caminos… llegas a uno y surge otro… Quizás.

 

Por ejemplo, la semana pasada en Trasmoz (donde escribí esos tres primeros miniguiones radiofónicos), miré mucho el paisaje, y vi el paisaje de muchas maneras. Yo, una. Maneras, muchas. Y a mis maneras, sumemos las maneras de F. que estaba conmigo y también miraba… Y las de quienes han estado allí antes. Y las de quienes estarán… Y entonces: cuántos paisajes se contemplan en el tiempo de La Casa del Poeta de Trasmoz… y con los ojos colocados en el mismo vértice… Hablo de maneras de ver como hechos físicos, no figurados, entiéndaseme, no literarios meramente, no filosóficos. Hice fotos. Les he puesto nombre. Por ejemplo:

 

a esta manera le llame Quijote contra Gigantes

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

y a esta otra Lo que cabe en una mano huesuda

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                 La cuestión es que lo que es totalmente necesario para que aparezcan las distintas maneras es el factor tiempo. El factor tiempo va a ser muy importante en Pop-pins. En todas las maneras.

 

Otra cosa que hemos hecho, sobre todo Emilio Gil, Jio Plica Zaragózame /(pinchad el enlace de la derecha) – es trabajar en este nuevo y espero definitivo alojamiento para Pop-pins. Emilio ha hecho la casa y la mudanza. Y yo me he dedicado a pedirle cosas, en plan pelma. Gracias, friend.

 

 

 

 

 

 

 

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