Buscar

Las Hipnopómpicas

Territorio Poppins

Categoría

Making-On

Diario de la novela en marcha

Abominable Pop-pins

En la próxima píldora radiofónica Pop-pins, en un momento determinado, alguien exclama que todo cuando sucede dentro y fuera del Dandy Warhol parece totalmente un reality show: lo dice, creo recordar, en tono de reproche.  El otro día leí en el periódico (El País) un artículo sobre opiniones y actitudes de diversos escritores ante Internet. He intentado encontrar ese artículo (que es muy reciente), pero no lo consigo. No sé. Mi experiencia me indica que las referencias mentales nunca funcionan como guías documentales; menos aún si buscamos dentro de un montón de noticias e informaciones varias de los periódicos. He utilizado el buscador convenientemente, pero no hay manera. En fin, no importa. Sé que entre las opiniones incluidas en ese artículo, figura la de Javier Marías que vendría a decir que no comparte las formas de hacer en Internet, porque desde siempre es bien sabido que lo conveniente es no facilitar mucha información. Así que inmediatamente pensé que este asunto de Pop-pins le parecerá abominable. Bueno.

Pero siempre lo digo: las actitudes son fundamentales.

Los parámetros han cambiado.

La información o física pura, circula, cambia, no para quieta en un contenedor.

No se trata de reality si/no.

Si no de los contenidos del reality. De la forma. De cómo usemos el lenguaje en el reality.  De qué tipo de información pretendamos y transmitamos. De lo que nos propongamos.

Los parámetros han cambiado. La actitud, la actitud en pro del esfuerzo y de las cosas bien hechas deberíamos mantenerla como antaño.

Goya (Sin) Luces de la ciudad

Me ha parecido extraño no encontrar casi en Internet fotografías del desaparecido cine Goya de Zaragoza.

//Comienza digresión:

Si no se me ha escapado alguno, el Goya ha sido el último de la larga lista de locales históricos dedicados a la proyección de películas que han ido despareciendo durante las últimas décadas. Algunos se recompusieron, digamos, y en una especie de asesinato con venganza mitósica posterior fueron sustituidos por múltiples pequeños cines mellizos, que ocupan todos (una docena, por ejemplo) el espacio que antes correspondía al Gran Cine o Cinetón. Todo el mundo se preocupa mucho del futuro de los periódicos en papel. Pero casi nadie se preocupa ya del futuro incierto de los Multicines mitósicos. Cuanto más grandes lleguen a ser las pantallas de nuestras casas pequeñas y más películas transiten por Internet (enchufadas directamente a las arteria de nuestras pantallas por módicos precios de suscriptores mensuales o anuales de todo tipo de productos litero-audio-visuales), menos futuro augurable para las minisalas de cine con pantallas cada vez más pequeñas y más cercanas al espectador (las sensaciones que se obtienen en amb-os ámb-itos cada vez difieren  -cine o casa- menos, parece).

Bueeenooo, digresión concluida (ha sido un «derepente» abusivo, excuse moi).

//

La intermitencia escritural en la que me muevo (a mi pesar, lo juro: ahora ya sé que el día tiene 24 horas y que yo soy incapaz de estirarlo, ensancharlo, ahondarlo… me da igual la dimensión: el tiempo será relativo, pero yo no consigo que corra menos por muchas más cosas que intente poner dentro de cada hora -convencional, no lo consigo, jolín), la intermitencia decía me obliga a repasar con bastante insistencia lo que llevo hecho (y no destruido) de Pop-pins y sus antecedentes pre-pop-pinianos. He rescatado algunos capítulos de versiones previas. Debo proceder a su mutación y a su inserción. Hay uno que me gusta especialmente:

Luces de la ciudad,

titulado así porque los protas de la versión (que lo son a su vez – tras  sesión literaria de morphing-  de Pop-pins) están en la  fila del cine Goya para sacar sus entradas para la película Luces de la ciudad… 1931, ya proclamada la II República española

Quería poner algunas imágenes del cine Goya a lo largo del tiempo.

Casi no hay.

Qué paradoja: casi no hay imágenes de un cine.

Ochenta y más

Una amiga me decía hace unos días que las mujeres de mi/nuestra generación (gente nacida en torno al año 1960, o sea gente muy joven en los años 80 – década de «plasti-glas») somos gente -nosotras, las mujeres- que han perdido un buen puñado de oportunidades.  Seguramente también los hombres. Pero por razones sociales y políticas, nosotras más (no me cabe duda).

Quiero ser un bote de Colón (la canción, y también el capítulo en Pop-pins) es una micro-historia que refleja esa pérdida. Ya lo comenté en un post anterior. Por lo que habréis visto, queda claro que hay contenidos en Pop-pins que desde luego tienen que ver con mis propias experiencias. En ese sentido, creo que Pop-pins  es un texto en cierta forma generacional y con una visión descaradamente de mujer, aunque confío en que sea inteligible para toda la gente (el orden de los factores -sexo y edad- sí altera siempre el producto, pero eso no debería importar: la creación exige un esfuerzo y el lector/espectador debe ser igualmente partícipe esforzado: ya vale de pedir productos blanditos y fáciles: no puede ser tanta acomodación, no puede ser— nos volveremos tontos, ay).

Que las mujeres que fuimos muy jóvenes en los años 80 pertenecemos todavía a una generación de las renunciadoras me lo decía esa amiga el otro día, sentadas ambas frente a mis padres, aguardando en la consulta de su nueva médica de cabecera.  Es éste un tipo de quehacer que a las mujeres nos sigue correspondiendo más frecuentemente y mayoritariamente: carga sobre carga, deslizándose entre nuestras costillas, seguramente tanto por la perduración  de determinadas inercias grupales durante siglos como por la facilidad con que los hombres aprovechan la diferencia de sensibilidad y percepción entre nosotras y ellos  (hablo en general) ante determinadas situaciones para proseguir en su inveterado escaqueo ancestral.

Hace años, un antiguo jefe que yo tenía en mi trabajo «profesional» (la diferencia entre mi «trabajo profesional» y mi «trabajo literario» no la marco yo: me tomo ambos bastante en serio; la marcan quienes sí me pagan por uno y quienes no me pagan -salvo momentáneas excepciones- por el otro) me hablaba de un compañero recién incorporado: es un chaval muy inteligente y capaz, aunque tiene un defecto: está demasiado involucrado con su familia, le dedica mucho tiempo.

Sé que el tiempo transcurrido desde entonces ha traído ciertas modificaciones positivas (para el conjunto de los grupos sociales occidentales) a esa actitud masculina. La separación neta entre actividades privadas y laborales y sociales era propia de una sociedad en la que los géneros tenían adscritas tareas muy diferenciadas en el conjunto. Conforme las mujeres hemos ido incorporándonos a las funciones laborales y de representación grupal, hemos tenido que desarrollar fórmulas de compatibilización de éstas con nuestras tradicionales tareas privadas. Y creo que poco a poco los hombres también se van dando cuenta de que la multi-tarea es posible. Afortunadamente, la tecnología ayuda.

Digo todo ésto, porque como siempre ando quejándome de mi intermitencia literaria, de mi carga de tareas, etc, etc , pienso que quizás será bueno aquí exponer con cierta claridad que esa intermitencia no se debe en absoluto a arrebatos de temperamento, a depresiones cíclicas, a dudas existenciales o no existenciales… se debe simple y llanamente a que no me da de sí el tiempo, a que cuando tengo un rato, a menudo, estoy agotada.  Porque la vida a ras de suelo, existe, y yo no sé soslayarla (tampoco quiero, claro).

Y digo todo ésto para que se perciba la vida multi-tarea. En Luisamiñana.blog hice referencia hace unas semanas a esta afirmación de la escultora Anna María Maiolino:

(Maiolino) ha afirmado también que en todo caso la impronta femenina de su creación artística consiste en la ausencia de jerarquía, porque la mujer da la misma importancia a todo lo que hace y todo lo que le interesa, la mujer trabaja entre cosas

Suscribo, suscribo, suscribo.

Y digo ésto, porque no quiero que la multi-tarea siga suponiendo una pérdida de oportunidades.  Me canso de ello. Y digo ésto, porque quiero reconocimiento para esa multi-tarea (no hablo de mi caso especialmente; hay multi-atareadas mucho más estresadas que yo). Y digo ésto porque seguramente todavía lo práctico tiene una consideración mucho menos delicada que lo intelectual o lo ejecutivo; y sin embargo, ya se sabe: dejemos de ejecutar lo práctico y la vida intelectual  se volverá mineral.

Y digo ésto, porque me canso de que el silencio de las mujeres de una época pasada (uno de los temas de Pop-pins: ya habréis ido viendo que Pop-pins es multi-temática) se haya convertido en silencio respecto a cuestiones como ésta de la multi-tarea.  Yo lo veo  así.  Es una percepción que advertí con claridad (quiero decir con encarnadura – que no es lo mismo ésto que haber pensado en ello) hace unos días, mientras cerraba el capítulo Ojalá que a mi madre le hubiera gustado el cine: lo advertí pensando en la vida de las mujeres que fueron de la manera en que lo fue mi madre (a la que veía a sus ochenta años sentada en frente de mi, aguardando su consulta con la médica de cabecera),  y pensando en esa actitud de ellas, una actitud que nos dejaron como legado, y contra la cual hemos debido luchar nosotras (las que fuimos muy jóvenes en los años 80) toda nuestra vida. Y aún estamos en ello: tiene narices.

Por éso, digo que todo ésto que cuento aquí también es make on de Pop-pins un (muy largo make on).

Un capítulo más

Ayer terminé un nuevo capítulo de Pop-pins: «Ojalá que a mi madre le hubiera gustado el cine» y está ubicado en 1954. Pop-pins se construye en base a capítulos muy cortos. Las historias no tiene un desarrollo completo. Son más bien escenas, momentos que deberían actuar casi como emblemas, aunque sin la representación gráfica consiguiente (http://es.wikipedia.org/wiki/Emblema). No es que haya nada de enigmático en los textos de Pop-pins. Al contrario creo que están saliendo muy explícitos.  Cada uno de ellos es lo que dice, pero además sin duda tiene vocación de transformarse y dejarse interpretar.

Las madres de la gente de mi generación han sido unas mujeres muy machacadas en este país: España. Si eras mujer y no te gustaba el cine la vida se podía volver muy muy gris y muy triste. Las he conocido así, a algunas de ellas.

Quienes hayan descargado «Narrativas» y le hayan echado un ojo al capítulo pop-piano allí publicado («2 de julio de 1970) y ahora lean este post, pensarán quizás que Pop-pins es una novela sobre el franquismo. No. Pero también. Ya se irá viendo. El capítulo «Quiero ser un bote de Colón» está situado en 1981 y tiene un referencia al golpe de estado que en mi pensamiento automático ha quedado asociado a la canción de Alaska y los Pegamoides: me veo a mi misma pasando por delante del Gobierno Militar de Zaragoza, la mañana siguiente al golpe; el patio estaba lleno de vehículos, que no me parecieron los habituales, aunque también es cierto que no entiendo nada de vehículos militares; pero cuando menos, había bastantes más de lo usual. Yo no había dormido nada en toda la noche. Que nadie durmiera no es verdad. Pero yo estaba exhausta, la ciudad bastante silenciosa,  y por mi camino (en mi recuerdo al menos) suena «Quiero ser un bote de Colón».  Era una canción en la que yo entendía una voluntad absoluta de transformación.

Como veis en tan sólo tres pequeños capítulos hemos saltado de 1954 a 1970 y a 1981. Así son las cosas en Pop-pins.

Hay días que estoy tan cansada y tan varada mentalmente que me es imposible escribir una sola línea. Pero mi voluntad y la de Pop-pins, que persiste en su esquina de mi cerebro contra viento y marea, se empeñan en seguir. Esperamos no resultar demasiado cansinas ni empobrecidas.

Narrativas, ya:

 

 http://www.revistanarrativas.com

Capítulo de Pop-pins: páginas 114-115

Artículo «Cibercepción, la dimensión literaria»: páginas 16-20

Esto en cuanto a Pop-pins y demás, por mi parte. Pero encontraréis en Narrativas un puñado de buenos relatos, ensayos y reseñas, además de una interesante y entretenida entrevista con Patricia Estebán.

Pop-pins en el próximo número de Narrativas

Me gusta colaborar en Narrativas (http://www.revistanarrativas.net).  El pdf  con aspecto de «tocho» que tiene Narrativas conserva un cierto aire setentero, cuando aún se creía (y entonces normalmente así era) que una publicación llena páginas con muchas palabras era garantía de no perder el tiempo en cosas superfluas. Ese concepto, el de superfluo o innecesario, también existía todavía en los setenta y a principios de los ochenta. Luego vino a desaparecer bastante (en el Occidente rico, sobre todo, claro). Y parece que ahora lo vuelven a considerar en mucho foros y aforos.

Bueno, me desvío. No siempre tengo tiempo ni ideas para colaborar en la revista que dirige y edita Carlos Manzano. Me alegro de haber podido hacerlo en el próximo número que va a subir a la red en apenas unos días, y de haberlo hecho por partida doble. Aparecerá un capítulo de Pop-pins: el titulado «2 de julio de 1970»; este capítulo lo leí hace un par de meses en el Candy Warhol (el pub que inspira el Dandy Warhol que aparece en las píldoras de radio-teatro), en la dúplice sesión poética de «Este jueves, poesía» que vivimos el pasado 16 de noviembre, junto a Jordi Doce y otros amigos (fue una sorpresa y una alegría que el excelente poeta David Mayor se animara entonces a leer algunos poemas de su próximo libro). El capítulo quizás cambie en el transcurso del proceso de escritura; quizás incluso llegue a no estar en el resultado último (no lo sé); pero por ahora forma parte de lo que es Pop-pins en estos momentos y lo es en forma bastante medular. Así que por si queréis echarle un vistazo, cuando Narrativas esté en red pondremos un enlace a la revista aquí.

La otra parte de la colaboración es un articulito que escribí para la sección de Nuevas Tecnologías de la revista Imán (de la Asociación Aragonesa de Escritores). Imán ha sufrido los efectos de la crisis económica (acaso también de la crisis de soportes), y de momento su número 4 (para el que está escrito inicialmente el artículo) ha quedado non-nato. Es muy posible que alcance un formato exclusivamente digital: esta por ver. Así que creo que el artículo puede empezar a circular en Narrativas: «Cibercepción, la dimensión literaria», se llama y creo que salió una cosa un tanto frekk, pero tiene su punto. Sirve lo que he indicado antes: habrá enlace en su momento.

En cuanto a Pop-pins, creo que es bueno que vaya aireandose en otros lugares ajenos a sí misma, y me parece bueno que la escritura en sí, la escritura que ya ha alcanzado forma de representación, asome ante el público. Aunque el público no debe fiarse ni llamarse a engaño: como he dicho, todo puede cambiar. Seguro que todo cambiará: digo yo que no está mal presenciar esas transformaciones, ¿no?

 

No descuido que debo algunas referencias en torno al capítulo «Quiero ser un bote de Colón». Enseguida.

el capítulo 7:

Como ya es nuestra costumbre, una vez emitido el capítulo correspondiente de Pop-pins en FM (quienes gusten de la escucha directa en radio tendrán reemisiones los próximos martes), subimos el podcast a iVoox y a este make on. Ojalá lo disfrutéis:

 

Esta noche, capítulo 7 de Pop-pins radio-teatro

Justo antes de Navidades la gente del taller de radio creativa de TEA FM dejo grabados los capítulos 7 y 8 de la Pop-pins radiofónica. Producción ha hecho el resto y esta noche, a la hora habitual de los martes (22,15) se emite el capítulo 7 (98.9 de la FM en Zaragoza y a través de internet para el resto del universo: http://www.teafm.net).

Creo que no hemos hablado todavía de la razón por la que nos hemos aventurado (la magnífica gente de TEA FM y yo misma) a incluir este radio-teatro en el conjunto del proyecto Pop-pins, como a veces -un poco en tono de humor- le llamamos a lo que sea que resulte finalmente todo ésto. Así que dejo para el próximo post algunas notas que quería contar referidas al episodio del «Quiero ser un bote de Colón» de la novela, y simplemente os cuento que en realidad yo creo que la Pop-pins radiofónica tiene mucho que ver con mi fascinación desde siempre primero por el teatro y luego además por la radio.

Creí, cuando pensé en proponerle el asunto a Chusé Fernández, que esos pequeños guiones me darían la posibilidad de manifestar el lado  más lúdico y enloquecido de Pop-pins, si queréis incluso más ingenuo, más espontáneo. Y así está siendo. No se trata en las píldoras Pop-pins de repetir textos de la novela, ni de seguir la misma trama ni argumento. Aunque sí sucede de tal manera en algunas cosas: personajes, metáfora del viaje, ideas y presupuestos de trabajo.. Realmente las píldoras buscan , mediante situaciones fáciles y diálogos de proximidad  (casi de enredo de comedia), explicar un poco las preocupaciones y líos de cabeza que me han llevado a la escritura de Pop-pins y a plantear esa escritura tal y como se está verificando (sin argumento explícito, con un plan continuamente modificado, etc). Temas como los presupuestos científicos de la física cuántica (y su repercusión en nuestra concepción del mundo), la comunicación multimedia, la incertidumbre, la situación del autor frente al público, etc… se han ido mezclando con la idea genésica de la novela: quería pintar un cuadro (abstracto) de lo que me parece que le ha sucedido a mi generación en este país (España, digo):   una generación desarbolada, desaprovechada en general, abocada a ir transitando de transformación en transformación, siempre entre dos costas, sin capitanes.

De todas formas, pienso que ésto que acabo de contar, si bien es cierto, sólo se está cumpliendo a medias. Y no me importa. Pienso, si me detengo un poco mejor en recorrer lo que ha ido sucediendo en los guiones de la Pop-pins radiofónica, que esos guiones han crecido en verdad, como tópicamente se suele decir, por su cuenta. Pero es así: les dejo ir un poco por donde ellos marcan. Escribo escuchando a los personajes: así sucede. Reproduzco lo que quieren decir. En la novela mando yo (creo); en la radio, mandan ellos (estoy segura).

La radio, el radio-teatro, me permite usar el lenguaje de una forma completamente distinta a la novela. Me permite introducir elementos no escritos en el discurso: eso me gusta mucho, porque refuerza mi tendencia plástica a la hora de escribir. No sólo se mezclan géneros (digamos): se mezclan también materiales. Es estupendo.

 

Quiero ser un bote de colón

 

2. <Nota previa (27-12-10, 00.30): Hay que corregir algo la redacción y mañana haré las pertinentes inclusiones en el grupo de facebook. Pero de momento, dejo el  texto sin corregir en este post. Es que tengo un poco de sueño y quiero leer un rato antes de dormir, que ando un tanto enganchada a Sukkwan Island >

 

3.  //(27-12-10, 23.10) hago algunas pequeñas correcciones ya a las 11 de la noche del lunes, 27 de diciembre. Me he pasado el día en el trastero de casa: lo cual no es ajeno a Pop-pins, al menos bastante menos ajeno de lo que pudiera parecer. Me voy dando cuenta de que vida cotidiana y decisiones literarias (dicho así para que nos entendamos, pues no me creo en exceso estas diferenciaciones) tienden a involucrarse, no trascurren desconociéndose. Así que me he pasado el día literalmente en el trastero: ordenando, desechando y tirando, reordenando, limpiando. El trastero es ahora una saludable mezcla de memoria escogida y presente marginal. Me he cansado mucho (por lo cual ya no sé si podré trabajar ahora); pero me he sentido bien poniendo las cosas en su sitio. A continuación vincularé este post al grupo Pop-pins de Facebook)//

 

1.  (27-12-10, 23.45) Alguna vez, al principio de este lento y tortuoso «make on» de Pop-pins, creo que ya comenté que la idea nuclear del relato comenzó a fraguarse hace ya tiempo. Esta es la tercera redacción que afronto. Ninguna de las dos anteriores pasó de unas cuantas páginas; la segunda llego a algo más de treinta y la primera ni eso. El motor emocional e intelectual (digamos) de la historia que justifica Pop-pins creo que ha cambiado poco, sobre todo en relación a todo cuanto se ha ido transformándo la manera de contar . Ha ido cambiando de la misma manera que pienso que yo he ido transgrediendo mi propio lenguaje.

Nada extraño en lo que digo. Nada inusual. Pero un «make on» sirve para contar tanto cosas extraordinarias como aquellas otras más intranscedentes en apariencia, y sin embargo tan determinantes. Mi propio cambio me ha sometido a grandes inseguridades, lógicamente. En este último periodo he tenido la sensación de que no sabría salir adelante. Sobre todo porque pensaba que estaba abandonando radicalmente mis impulsos iniciales a la hora de plantearme la historia que hay en Pop-pins: la historia de Helia Alvárez, actriz, y su familia. Pensaba que en la escritura actual me había alejado mucho de ese hilo conductor, que había derivado hacia otro tipo de preocupaciones más teóricas. Y me sentía mal. En contradicción. No quiero eliminar estas últimas y actuales preocupaciones (muy en relación con las contemporáneas circunstancias de crisis general, también con mi necesidad de ampliar mis conocimientos en algunas zonas de la ciencia y la tecnología); pero tampoco deseo olvidar mis referencias primeras. Y en esas referencias es donde sobrevive y respira el origen de Pop-pins. Han llegado hasta aquí con Pop-pins.

Ahora estoy más contenta. Quería retomar el ritmo de trabajo afrontando algunos capítulos en los que la novela se sitúa en determinados momentos históricos. Eso después de tener escritos otros en los que, como digo, hay bastante de cuestión teórica sobre la propia Pop-pins y también mucho discurso sobre los temas que he comentado en general (Google, la tecnología de la información, algunos pensamientos sobre el tiempo – bueno, son cosas que al releer lo escrito me parece percibir). Decidí coger el  toro por los cuernos y reabrí las anteriores versiones inconclusas. Y estoy más contenta porque no todo ha resultado ser inservible. Hay algunas páginas que puedo realmente incorporar, haciendo todos los ajustes estilísticos precisos. Y eso me pone contenta, no porque me evite una parte de redacción ex nihilo (que también), sino, sobre todo, porque me enseña que no me había perdido tanto como creía. Uno de esos capítulos me parece que se quedará con este título: «Quiero ser un bote de colón» (como la canción, sí) y lo acabo de adaptar. En el próximo post os cuento algunas cosas acerca de él.

 

 

 

 Esta es la imagen del bote de Colón en la época de la canción. Época a la que más o menos se refiere el capítulo.

 

 

 

 

Por cierto, que estos días de Navidad TEA FM  ha estado reemitiendo los capítulos de Pop-pins radio emitidos hasta ahora. Los han radiado en plan seguido. Y la semana pasada grabaron los dos siguientes. Os diré cuando se emiten. Dejo aquí el enlace a la pestaña de iVoox donde se pueden escuchar ordenados cronológicamente las pop-pins de radio; por si alguien quiere y le apetece reproducir la experiencia que ha propuesta TEA FM.

 

http://www.ivoox.com/audios-pop-pins_sa_f24684_1.html

 

 

 

identidad:metamorfosis

El pasado martes, día 14, intervine en una mesa redonda en torno al tema de la identidad digital; en realidad, de las identidades digitales: porque si alguna cosa  se puede tener meridianamente clara sobre este asunto es que la red ha propiciado la manifestación y reconstrucción de seres pluri-identitarios. Lo cual no está mal. Quizás puede ser un poco líoso; pero al cabo líosa y multiforme es la vida y el que no lo quiera ver, peor para él.

Cuento ésto porque es evidente que con el tema de la múltiple identidad algo tiene que ver este asunto de Pop-pins. Y conforme voy avanzando un poco en la materialización de la escritura, más convencida estoy de ello.  Abordo ahora un capitulillo de sesgo histórico. Y lo realmente diferente para mi en este caso -diferente respecto a otros momentos en que he podido plantear de alguna forma visiones históricas de las cosas, evolutivas diríamos- es que todo en el transcurso de Pop-pins es en realidad tiempo presente. Incluido el tiempo histórico, que por definición es tiempo pasado. La actitud del historiador, y más aún del novelista que sitúa su visión en coordenadas de tiempo pretérito- es siempre la de la apropiación. Creo que en Pop-pins no hay sólo apropiación; hay -o quiero que haya- una devolución al tiempo pasado de la naturaleza de tiempo presente que una vez tuvo. En este  proceso los propios personajes de la novela (sobre todo Helia, la narradora) participa de varias identidades: las necesita realmente,  pues un ser se compone de muchos, que además son intercambiables (siempre fue así hasta que llego el ser burgués y arrasó).

Pero igualmente eso mismo me debe de estar sucediendo a mi. Recorro de la mano de Helia la misma vía histórica; y transito paralelamente entre las distintas formas que debo adoptar para atender la multiplicidad de manifestaciones pop-pinianas. No hay transformación intermedia (no se trata de mutaciones consecutivas): son simplemente identidades múltiples manifestándose a veces en solitario, a veces todas al mismo tiempo.

Pero todo ésto no lo dije en la mesa redonda del otro día. Sólo vine a afirmar que uno de los derechos inalienables que deberíamos defender a capa y espada es el derecho a ser otro (precisamente para ser realmente dueños de nuestra identidad, que dice el gran e inteligente dosdoce/Javier Celaya)

Me ha gustado mucho la frescura metamórfica de los trabajos de este 3ttman:

© 2010 3ttman, agitador de medio ambiente

arquitectora mejor

En los últimos tiempos a menudo me veo más capaz de proyectar un rascacielos que de escribir una novela.

Claro que, sé lo que cuesta escribir una novela. Sólo lo he hecho una vez (de manera muy duradera, por lo de siempre: tareas versus trabajo literario). Pero ya puedo calibrar: soy perspicaz.

Evidentemente, sólo imagino lo que cuesta proyectar un rascacielos.

 

Y aun así, me parece más fácil hacer cálculos para el rascacielos que para esta Pop-pins,

¡leche!

aunque fuera el rascacielos más alto del mundo: el MAS —-> luisamiñana.blog

 

 

Viaje o tiempo

Un viaje en el tiempo. Curioso.

Eso decía Ybris -grande, Ybris, siempre atento- en el comentario a la última píldora pop-piniana radiofónica.

Yo no sé si es curioso el hecho de que en su deriva radiofónica Pop-pins haya terminado por configurarse como un experimento literario que usa el viaje en el tiempo para encontrar sus argumentos; los argumentos que le permitan a Helia Alvárez trabar un mínimo sentido a su reto narrativo (un reto en el que se ha metido de una forma un tanto irresponsable, quizás). Reconozco que eso yo no lo tenía demasiado previsto (lo del viaje en el tiempo, digo). A pesar de que la novela esté pensada sobre una excusa narrativa que tiene algo que ver con viajar por el tiempo (no tanto en el tiempo), como es la hypnopompia. Pero, seguramente porque la radio predispone a ir «un poco más allá», ha sucedido que la situación primordial en los guiones para TEA FM es un auténtico viaje en el tiempo de Helia y Mary Pop-pins en persona.

Tampoco tenía prevista la aparición tan sustancial del personaje Mary Pop-pins. A pesar del títrulo de la novela. Pop-pins en la novela es más bien una especie de metáfora, algo que funciona como referente general, porque todos conocemos la historia, las características del personaje, sus habilidades y poderes, etc, etc. Pero de nuevo, he de decir, en los guiones Mary Pop-pins pidió su sitio: dejo de ser representación para ser presentación, para ser una vez más personaje conductor, igual de sabionda ella que siempre la hemos conocido, aunque algo más indecisa, despistada, irreverente e incluso un puntito liante.

Tengo claro que este asunto de viajar en el tiempo (como a muchos) me ha fascinado desde siempre. En Luisamiñana.blog ya he mencionado mi afición a la serie de televisión sesentera «El túnel del tiempo». Y siempre me ha  mosqueado mucho el hecho de que tuviera que dejar de verla justamente en un episodio que iba de un viaje al futuro, con seres extraterrestres incluidos. Viajar al futuro no era en la serie tan habitual como viajar al pasado. Yo deje de ver ese episodio debido a mi  traslado desde Barcelona a Zaragoza. Y me mosqueé porque yo ya entendía que ese traslado era un viaje al futuro, dicho de alguna manera. Las casualidades son fascinantes: porque son casualidades que uno entiende en cuanto se formulan debido a nuestra capacidad de relacionar cosas y sus sentidos. En el fondo ese es el ejercicio que quiero hacer en Pop-pins, si la puñetera vida me deja. Y si no me deja, no será por culpa suya, sino mía, que no sé concebir algo más importante que la vida día a día.

Para quienes no visitéis Luisamiñana.blog y no conozcáis o recordéis la serie «El túnel del tiempo», dejo por aquí un youtube y un enlace, mientras yo me pongo ahorita mismo con la píldora 8 del radio-teatro, que se la debo a Chusé Fernández, el gran hombre de la radio con imaginación:

 

http://es.wikipedia.org/wiki/El_T%C3%BAnel_del_Tiempo

Aunque lo realmente fascinante son las posibilidades tanto reales como metafóricas de las hipótesis científicas que sustentan el modo en que ese viaje en el tiempo podría llegar a realizarse. Tendré que conformarme con las metafóricas, lo sé. Lástima.

 http://ver-documentales.net/ciencia-al-desnudo-la-maquina-del-tiempo/

Píldoras Pop-pins, radio teatro en TEA FM, capítulo 6

 

Nada igual había ocurrido desde la «guerra de los mundos»… 🙂

Bueno, perdonad la exageración / pero

hay que animarse…

Vamos volviendo

Ya lo he dicho en mi página personal (Luisamiñana.blog —->http//luisamr.blogspot.com), he dicho que

la realidad absorbe una buena parte de mi atención en estos tiempos (mucha de mi atención, más de lo que ya casi siempre lo hace) /7

 

que te toque vivir una época como ésta no deja de ser un privilegio (si no fuera porque podemos acabar en la ruina caracolera todos -ruina moral incluida), puesto que no todas las generaciones tienen la posibilidad de protagonizar y asistir a cambios tan decisivos para la civilización como estos que se ha iniciado en las últimas décadas—

 

están ocurriendo muchas cosas.

Los historiadores saben que cuando concurren muchos procesos de diferente signo en un mismo momento (incluido este invento -pero menos- de Wikileaks- , algo gordo sucede /7

y

etc, etc

puesto que no voy ahora y aquí a intentar ningún análisis (no soy capaz)

 

digo que la realidad me distrae: siento obligación personal y ciudadana de esa distracción; y también me distrae de Pop-pins y de otras literaturidades mis asuntos más próximos (que ya he traído a colación -como se bien dice- en otros momentos), aunque sobre todo distrae mi tiempo (en el sentido de distraer latrociniamente)/7

y

sin embargo,

Pop-pins existe, es, tiene voluntad de ser (e incluso es muy posible que esta realidad acuciante la alimente y la vitaminice y ponga en su hematograma una cierta cantidad de bilirrubina -la precisa.

 

Vamos volviendo.

 

Mañana:  radio: teatro (TEA FM: sexto capítulo, del Dandy Warhol al pasado zgzano via teleVeo)

 

Volviendo estamos.

 

Salud, amigos.

 

 

 

 

 

 

 

Vuelvo en 5 minutos

Blog de WordPress.com.

Subir ↑